El escritor como ama de casa
Carlos Marzal / ABC
Día 16/02/2013
EL acto de escribir consiste en un cúmulo de rutinas de las que el escritor no suele ser consciente mientras escribe. Un sinfín de detalles en los que uno no piensa durante el acto de la escritura, porque está pendiente sobre todo de aquello que constituye la esencia de su trabajo: la actividad de juntar palabras, con cierta brillantez, para que transmitan al lector una experiencia intelectual y emotiva, a través de una historia, o de un razonamiento, o de un cántico. Pero escribir también trae aparejadas otras muchas curiosidades. Como el hecho extraño, por ejemplo, de dedicar varias horas al día, durante años, para dar forma a algo -el libro- que, en el caso de llegar a gustar al propio autor y al editor (si es que se encuentra), se despachará en unas cuantas horas al llegar a manos de los lectores.